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Se decía libre y la conocí en el tiempo en el que no se toma un descanso, en el que brinca para saltarse los descansos y que prefiere sumar minutos para deberle al futuro, se decía libre y la conocí siendo esclava de la libertad de un corazón ambiguo, se decía libre para elegir aventar sus monedas a un pozo y de deseos llenar la alcancía.
Se decía libre para dejarse llevar por el tiempo que no toma reservas, para impregnarse de poesía y vivir las tormentas en una pintura de atardeceres dulces, y la libertad se decía libre, mientras paulatinamente se casaba con la rutina de pensar en tiempo futuro olvidando que el presente le comía los pasos.
Era libre cuando la conocí o libre se decía hasta que olvido lo paulatino que corren las sorpresas, hasta que el tiempo decidió tomar un descanso y afianzarle fuerza a los meses que minutos hoy son de estudio.
Se decía libre hasta que profundamente observo sus ojos, esos que observan por primera vez el gozo y le ponen nombre a las figuras amorfas que fonemas encapsulan entre besos y ternura.
Se decía libre de los desperfectos de la vida que su vida eligió hasta que se vinculo al imperfecto presente que el futuro ideo, y fue libre hasta que sus ojos, esos ojos que libres son la miraron.